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Una monarquía fotogénica

Jesús María Muñoz Rodrigo

Formo parte de ese 15% de españoles que, a pesar de la atosigante propaganda favorable a la Monarquía, se sigue considerando republicano, y querría aprovechar el reciente 70 aniversario de la II República española, para hacer algunas reflexiones.

Decir, por ejemplo, que si la dictadura de Franco aniquiló un sistema republicano recién refrendado por las urnas, parecía lógico pensar que, recuperadas las libertades, la República hubiera sido el sistema apolítico restablecido o hubiera tenido, como mínimo, las mismas posibilidades que la Monarquía de volver a ser elegida por los españoles.

Sabemos que esto no fue posible porque cuando se redactaba la Constitución, las fuerzas vivas de la dictadura, y sobre todo el Ejército, vigilaban de cerca el proceso y no lo hubieran permitido; pero si sucedió así, ¿A que viene tanto insistir en la ejemplar Transición española?

¿Tan ejemplar fue que en el año 1977 el Partido Comunista de España, recién legalizado, tuviera que renunciar de la noche a la mañana a la República y reconocer a la Monarquía y sus símbolos, para así desactivar la amenaza militar de un golpe de Estado contra el incipiente proceso hacia la democracia? Tuvimos la Transición que pudimos, pero de ahí a repartir lecciones de tránsito democrático hay un abismo.

Algo falla en una democracia si la libertad de expresión es incompleta y, en consecuencia, las lógicas y normales criticas a la Monarquía son silenciadas. Resulta tan elemental pensar que los miembros de la Monarquía tienen, más o menos, las mismas virtudes y defectos que el resto de los ciudadanos, que resulta patético el afán de convencernos de lo contrario.